Hey  bloguer@s!!! ¿Cómo estáis?

Ya sé, ya sé que llevo perdida un tiempo pero me comprenderéis cuando os diga que acabo de regresar de Jordania donde he pasado una semana retrocediendo en el tiempo, acercándome a culturas ya olvidadas, descubriendo parajes absolutamente insólitos y disfrutando de la compañía de gente muy especial.

Así que vayamos desde el principio : este viaje a Jordania forma parte de un conjunto de viajes organizado por mi compañía dentro de un programa de fidelización de clientes. Uno de los destinos de este año ha sido Jordania y no os podéis ni imaginar la ilusión que me ha hecho formar parte del grupo. Lo cierto es que si no cambian las cosas no será la última vez que viaje con clientes. Ojalá así sea porque los destinos del año que vienen son absolutamente tentadores : Japón, Myanmar, etc...

Y ahora que os he puesto la miel en los labios, deciros que Jordania me ha sobrecogido. Sus gentes son absolutamente arrebatadoras, siempre con la sonrisa en los labios, siempre dispuestos a ayudarte. Se sienten de algún modo vinculados con España y raro es el Jordano que no te sepa decir alguna que otra palabrita en español. Todavía conservan su identidad y orígenes tribales y esa forma de entender la vida les hace ser pacíficos y neutrales. No tienen problemas de alcohol, ni de drogas y prácticamente no conocen la delincuencia.

Eso sí, desde un punto de vista religioso, su mundo está aún muy influenciado por sus creencias pero para mi sorpresa también en ese asunto, hay bastante más libertad que en otros países árabes. Sí es cierto que la mujer suele ir tapada (incluso las he visto bañarse completamente vestidas) pero también las he visto bailar reggaetton en las discotecas como cualquier otra chica occidental. Un 52% de los universitarios son mujeres y este dato permite concluir que tarde o temprano la mujer se irá incorporando a la vida profesional y que ciertas costumbres irán relajándose. Por mi parte, les deseo todo lo mejor. Me han parecido un pueblo encantador.

Si tengo que quedarme con un momento del viaje, no podría. Tendrían que ser al menos dos : uno de ellos el descubrimiento de la ciudad escondida de Petra en la que te quedas sin palabras, y también sin aliento, todo hay que decirlo, si subes, como hicimos nosotros, hasta el Mosterio. Casi 6 horas de marcha y ascenso desde nuestro Hotel hasta el punto más alto entre la ida y la vuelta pero el esfuerzo valió la pena. Ya lo creo que valió la pena : no creo que pueda olvidar jamás este maravilloso paraje. ..

Pero hubo otro momento muy especial en este viaje, uno de mis favoritos : la cena en el desierto de Wadi Rum. Cenar en una jaima beduina (por cierto, los beduinos son guapísimos, tienen una mirada absolutamente arrebatadora...) con música en vivo, disfrutando de los sabores y aromas de los platos típicos jornados,  todo el grupo, unas 87 personas, vestidas con chilabas y luciendo el típico pañuelo jornado, descalzos sobre la arena anaranjada me pareció una delicia. Bailar con el sonido de las darbukas bajo un cielo estrellado fué verdaderamente mágico...

Ah!! Y  como colofón, contaros que durante las dos últimas noches de estancia en tan maravilloso país, un admirador secreto (que creo saber quién es pero que no se atrevió a identificarse) me dejó unas flores en la almohada de mi habitación. ¿Se puede pedir más?...He vuelto a Madrid con una sonrisa floja y un subidón que todavía me dura.....

Salaam Alekum bloguer@s!